MINGAKO: TECNOLOGÍA COMUNITARIA PARA ENFRENTAR EL DESPERDICIO DE ALIMENTOS Y LA CRISIS CLIMÁTICA
Benjamín Ríos Merino
En Chile, se estima que solo el 1% de los residuos orgánicos son gestionados adecuadamente, lo que contribuye significativamente a la emisión de metano, uno de los gases de efecto invernadero más contaminantes. Frente a este escenario, surgen iniciativas que, desde el territorio, buscan transformar problemáticas ambientales en soluciones concretas y escalables.
Ese es el caso de Fundación Mingako, organización territorial de San Bernardo que ha evolucionado desde la recuperación de un microbasural hacia el desarrollo de una solución tecnológica con impacto comunitario y ambiental.
Fundación Mingako está desarrollando una aplicación móvil que permite gestionar en tiempo real la recuperación y redistribución de alimentos, optimizando su trazabilidad, relevando la gestión de residuos orgánicos e inorgánicos, reduciendo pérdidas y visibilizando su impacto ambiental. Esta herramienta se vincula directamente con su laboratorio popular y su trabajo territorial en educación medioambiental.
«Compartimos el sueño de co-construir otros mundos posibles con las comunidades, visibilizando que si trabajamos colectivamente somos capaces de generar un buen vivir, de una manera que nos haga sentido. Buscamos apoyar su réplica en distintos territorios del país y de Latinoamérica, apostando por su componente comunitario y ecoeducativo», declaró Camila Muñoz Tapia, Coordinadora ecoeducación, Fundación Mingako
Compartimos el sueño de co-construir otros mundos posibles con las comunidades, visibilizando que si trabajamos colectivamente somos capaces de generar un buen vivir, de una manera que nos haga sentido.
Camila Muñoz Tapia, Coordinadora ecoeducación, Fundación Mingako
La aplicación nace como parte del Banco de Alimentos “Minga popular por la Resiliencia Comunitaria”, una iniciativa que actualmente se implementa de forma colaborativa con escuelas públicas, liceos y comunidades de San Bernardo, La Pintana y Maipú. Su objetivo es enfrentar simultáneamente dos desafíos urgentes: el desperdicio de alimentos y la inseguridad alimentaria, especialmente en sectores más vulnerables.
Tecnología al servicio de la comunidad
La plataforma permite gestionar inventarios en tiempo real, incorporando reconocimiento de fechas de caducidad y sistemas de alerta temprana para evitar pérdidas. A esto se suma la posibilidad de coordinar la distribución de alimentos entre organizaciones comunitarias, facilitando una gestión descentralizada y eficiente.
Además, integra herramientas de medición de impacto climático, permitiendo cuantificar la reducción de emisiones asociadas a la recuperación de alimentos, así como el registro de residuos gestionados en los territorios.
Como explica Víctor Farías Jara, coordinador de innovación social de Fundación Mingako: “La aplicación no es solo una herramienta operativa: es un dispositivo político comunitario que redefine la relación entre ciudadanía, alimentos y territorio. El desarrollo tecnológico permite traducir algo que antes era invisible —como el flujo de alimentos recuperados, el impacto ambiental y la solidaridad organizada— en información tangible, cotidiana y accionable”.
El desarrollo de esta herramienta no solo busca mejorar la eficiencia operativa de los bancos de alimentos comunitarios, sino también fortalecer las capacidades locales para enfrentar la crisis climática y alimentaria.
En esa línea, Mingako proyecta esta solución como un modelo replicable, capaz de escalar a otros territorios del país y de Latinoamérica. Así, promueven sistemas más circulares, resilientes y basados en la colaboración comunitaria.
Desde la acción local, la organización demuestra que la tecnología, cuando se construye desde y con las comunidades, puede transformarse en una herramienta clave para enfrentar desafíos globales.
También te puede interesar: Fundación Legacy: refuerza la conservación en Torres del Paine con trabajo voluntario y alianzas locales